
Son pocas las posibilidades de ver a dos grandes representantes de distintos estilos en la historia del rock juntos en una noche, y el 20 de septiembre, Chile se repetía el plato con Whitesnake y Judas Priest juntos en un gran concierto. No es menor que Judas Priest haya elegido a una banda de la talla de Whitesnake para telonear lo que viene a ser su última gira mundial “Epitaph”, donde comienza el fin de una gran carrera musical, pero que no significa que todo haya terminado.
Se sentía la ansiedad de los glameros y los metaleros por ver a sus bandas favoritas, pero el público iba a una sola cosa en común: a disfrutar de un concierto que prometía mucho y que no decepcionó ni por un segundo.
Y por si fuera poco, antes de estas leyendas internacionales tuvimos una buena muestra de talento nacional, pues Inquisicion fue el grupo encargado de abrir el evento, lo que fue lo más acertado para tal ocasión; que el público haya podido elegir a los teloneros no fue para nada una mala opción.
No es la primera vez que esta banda abre para los grandes del rock, por lo que saben dar la talla y, con una exquisita selección de temas clásicos y nuevos, abrieron como Dios manda esta fiesta del rock.
Set List Inquisicion
Luego que el grupo nacional se despidiera y las luces volvieran a encenderse, la expectación aumento instantáneamente; los fans de Whitesnake hacían sentir su presencia en las primeras filas de la cancha y la tribuna comenzaba a repletarse; todos esperaban a ver a Dave Coverdale (voz) y compañía (¡y que compañía!) azotar el escenario, ya que con músicos de tal calidad, la audiencia estaba lista para un espectáculo de lujo, y me atrevo a decir que fueron complacidos.
A pesar de que Dave ya no tiene la misma voz de antes (tuvo que bajar los temas en un tono ya que recordemos que tiene ¡60 años!), la calidad musical del grupo quedó totalmente en evidencia y el manejo escénico del Frontman cautivó al público desde el primer momento; se sentía el rugir de la audiencia coreando los temas, gozando los clásicos y cautivándose con las baladas.
Dave parecía completamente complacido con el público, hasta se dio el lujo de piropear a las féminas presentes: “hay muchas chicas sexys en la audiencia esta noche”. Incluso pareció flecharse por unos momento por una en especial, y mientras iba caminando a la esquina izquierda del escenario dice “a ver, tu, déjame verte mejor… ¿Cómo estas?”
Con esa actitud Glam que exuda rock de los ochenta, dejando en claro que, cuando eres Dave Coverdale, puedes estar pasado de los 60 y seguir derritiendo corazones.
Y si de derretir corazones se trata, el siguiente tema estaba consagrado a eso desde el inicio, “Is This Love?” hizo que las parejas se abrazaran, que algunos melancólicos la cantaran como dedicándola anónimamente y, por supuesto, gatillo más de algún “te amo” gritado hacia el escenario con una voz femenina en señal de admiración. En este tema, las voces del público se alzaron para acompañar a la serpiente blanca durante todo la canción, ocasión en que Doug no tocó el solo canónico de este tema, sino un solo completamente diferente, algo inusitado dentro de la normalidad de las presentaciones de Whitesnake.
A continuación llegó el momento de presentar a Doug Aldrich como tal; Dale hizo los honores y luego adelantó que tocarían un tema de su nuevo álbum Forevermore, iniciando así “Steal Your Love Away”. Aquí Reb Beach (guitarra) tuvo la primera oportunidad de lucirse de verdad en los riffs tomando por primera vez cierto protagonismo.
La banda continuó con la balada que le da nombre al disco, que inspiró un momento más bien tranquilo, personal y discreto; muy bien logrado por lo demás, sumiendo a la audiencia en un momento contemplativo. El tema finaliza para dar paso, sin pausa alguna, a un duelo de guitarras entre Doug y Reb que no dejó indiferente a nadie; ¡que gran contraste después de una balada!, las guitarras se turnaban, se unían y se volvían a turnar en una oda a la métrica, pero más que nada, a la potencia escénica y el manejo de los guitarristas; aquí quedó en evidencia que estos músicos fueron elegidos con pinzas y como sus diferentes estilos se complementan a la perfección.
El duelo da pie al sexy “Love Will Set You Free”, un tema compuesto al más puro estilo de los primeros discos del grupo, el que fue recibido como si fuera un clásico; un clásico instantáneo para los seguidores de la banda.
Al terminar el tema, Dave presenta a Brian Tichy (batería) que se dio el lujo de darnos un solo como pocos, exhibiendo talento a diestra y siniestra, con muchísima pasión y espíritu que no opacaron su precisión, y cuando parecía que Brian ya había dado todo, tiro las baquetas al público, y comenzó a tocar con las manos, al igual que hizo Tommy Aldrige (ex baterista) el 2005 la vez anterior que “La Serpiente” fue invitada por Judas a nuestro país. Si bien Brian no es Tommy, el solo fue digno de todos los aplausos que recibió (que no fueron pocos) y de todas las ovaciones que provocó a lo largo de su ejecución.
Siguiendo con los clásicos, el grupo se preparaba para tocar el que, sin duda, es un tema magistral: “Still of the Night”, tema que se escuchó fuerte, tanto por parte de los asistentes como de la banda. Nuevamente la ejecución no dio pie a reclamos, a pesar de que la tocaron un tono (y medio) más bajo debido al desgaste de la voz de Dave, pero con la ayuda del público; lo más seguro es que en las primeras filas ni se hayan dado cuenta ¡Que manera de cantar!
El show de Whitesnake se acercaba a su fin, sin antes una buena muestra de los años Deep Purple de Coverdale; el primerofue “Soldier Of Fortune”, balada que estuvo cargada de emotividad y sentimiento; sentimiento que sería quebrantado por la maravillosa intromisión de “Burn”, tema en el cual ya era imposible no volverse loco.

Aquí por fin pudimos apreciar a Brian Ruedy (teclados) hacer algo de magia con sus dedos, el músico había tenido un desempeño prolijo sin destacar mucho, hasta que llegó el momento de tocar esos legendarios teclados de Deep Purple.
Un juego que ya se veía en shows anteriores era el de meter “Stormbringer” (aunque fuera solo un pedazo) en la interpretación de “Burn”, y este vez no fue la excepción; la combinación dio resultados, pues al finalizar se escuchaban los aplausos y ovaciones de un público que se despedía con cariño y éxtasis, mientras empezaba a sonar “We Wish You Well” de fondo yLa Serpiente Blanca interactuaba por última vez con la gente, antes de abandonar definitivamente el escenario.
Set List Whitesnake
0. Envasado: My Generation (The Who)
0. Envasado: We Wish You Well
Después de una espera que pareció eterna, las luces se apagaron nuevamente para la gran entrada de los “Dioses del metal” ante más de 12.000 fans que ya no podían esperar para escuchar su poderosa música. Un lienzo con la palabra “Epitaph” bloqueaba la vista al escenario y encendía aún más los ánimos ( si es que eso era posible). Si uno se ponía a escuchar las opiniones alrededor, la atmósfera estaba llena de sentimientos encontrados que oscilaban entre la euforia de escuchar a una banda legendaria en la historia del metal y la tristeza de estar presenciando la que podría ser su última actuación en nuestras tierras. Pasadas las 21:50hrs, cae el lienzo y “The Priest” emerge triunfante ante el público, acompañado por “Battle Hymn”, que desencadena el estruendoso rugir de los asistentes.
Al escuchar las primeras notas de “Rapid Fire”, se da inicio a este concierto con sabor a historia, a cierre, a fin de un ciclo. Al son de la voz de Halford el telón cae y podemos ver por fin que había del otro lado; un escenario impecable, una escenografía que incluía poderosas cadenas que colgaban de los costados del escenario, donde sendas, tarimas sujetaban el símbolo de los “Priest”: el emblema, el Metallian, a gran escala, y de fondo un lienzo que decía “Bienvenidos ALa Tierra Del British Steel”; por otro lado, la iluminación era precisa, envolvente, y se mantendría ajustada a cada tema a lo largo del concierto; pirotecnia de humo y fuego en los compases precisos contribuían a generar esa atmosfera de euforia que la mera presencia del grupo ya había desatado.
Los gritos se trasforman en rugidos a medida que los ahí reunidos saludan a los “Metal Gods”, y ese es precisamente el tema que vendría a continuación, el que azotó cual trueno con un sonido implacable los oídos de la masa de seguidores, y cuando ya pensamos que el show tenía de todo, Judas nos sorprende con un juego de láseres alucinante que dejó maravillada a la audiencia. Súmenle un Halford con chaqueta negra larga, llena de sus característicos decorados metálicos, rebosando estampe y usando un bastón como si se tratara de un Lord de la antigüedad; pero bueno, es un Lord, un Dios del Metal.
“Hello Santiago de Chile…The Priest is Back!” nos dijo el mismísimo Dios del Metal al terminar el tema para luego comenzar con “Heading Out to the Highway”, que fue tibiamente recibido, a pesar que las guitarras lograron un nivel de armonización que podía ponerte los pelos de punta.
Luego se vino otro himno de banda (aunque quizás no tanto para el público), “Judas Rising”, en el que la batería de Scott Travis resonó con fuerza en todas las esquinas dela Arenay el bajo de Ian Hill tomó un rol protagónico.
Halford aprovecha el momento para resaltar lo importante de la ocasión, recordándonos que la idea de la gira es recorrer y revivir la historia de Judas Priest a través de la música. Era algo importante, solemne incluso; y es que luego vendría un clásico con “C” mayúscula, resucitado del tercer disco de la banda: “Starbreaker”, al tiempo que Glenn Tipton y el miembro más nuevo de la banda, Richie Faulkner (ambos guitarras) comenzaban a hacer vibrar sus cuerdas; cabe destacar que muchos de los seguidores más encariñados con la vibra que el grupo alcanzó en los ochenta no prendieron tanto con este tema de finales de los 70, pero para los que apreciamos las joyitas del pasado este tema fue un plato exquisito, que se saboreó con gusto. El show continuó con “Victims of Change”, un tema simplemente épico que alcanzó un nivel majestuoso, con un sonido impecable y una prolijidad que llegaba, sin problemas, a la perfección interpretativa.
Seguida de la poderosa “Never Satisfied” que nos llevó de la mano a los comienzos mismos de la banda, ¿Quién podría no agradecer un tema del primer disco dónde se notan claramente las primeras influencias de la banda?; es lindo escuchar esos dejos a Deep Purple, cuando hace solo un par de horas habíamos escuchado la voz de David Coverdale; era una “coincidencia” que hacia todo aún más especial.

Al terminar el tema, el frenesí en el escenario se calma, y todo se torna más bien oscuro y tranquilo. Halford nos cuenta como a Judas Priest le gusta ver el trabajo de otros artistas y que, en una de esas ocasiones, un tema de Joan Baez les llamó la atención. También reparó en que es un tema muy querido en Chile, y no se equivoca, pues con los primeros acordes de “Diamonds & Dust” se escucharon los gritos de aprobación de los presentes. No era para menos, pues el grupo principió con un comienzo acústico para ir, progresivamente, mezclándolo con la versión en estudio a la que estamos acostumbrados del disco. Simplemente una gran puesta en escena, sacándole provecho a lo armonioso del tema.
Un nuevo salto nos lleva al tiempo presente, de la mano de “Dawn of Creation”, del último disco de la banda, seguido del mismo que la acompaña en el disco “Prophecy”. De todos los cambios de chaqueta que tuvo Rob durante el concierto, este fue de los más sorprendentes, una embestidura cromada, larga y con capucha le daba un aire mítico, y si fuera poco, acompañado de un báculo con el Metallian. Simplemente una postal que no se borrará fácilmente de la memoria de los asistentes.
A continuación, el grupo prodigó un regalo de descontrol para los asistentes: “Nightcrawler” desgarró toda atmosfera existente transformándola en el paraíso para el mosh, el headbanging y los saltos; y bueno, siendo un tema favorito personal de la que escribe, debo reconocer que no puedo decirles qué tan fuerte cantaba el público, porque yo me estaba desgarrando la garganta.
Otro cambio repentino en la atmósfera, que asimila el cambio que tuvo la banda, representado en el tema que venía a continuación: “Turbo Lover”, con un coro que de seguro se escuchó fuera de la arena; un momento memorable sin duda, que Rob supo aprovechar para recordarnos que la banda había pasado por diversas etapas, tanto musicales como de look.
Como si no bastara con decirlo y hubiera que probarlo, “Beyond the Realms of Death” llegó para comprobar la versatilidad de los legendarios músicos, un tema lleno de detalles, matices exquisitos, tanto en las cuerdas como en la voz, que parecían jugar a las posibilidades infinitas, dejando en claro no solo el talento escénico y la maestría musical de los músicos, sino un enorme talento de composición.
Todo parecía un sueño, y más aún cuando “The Sentinel” comenzó a sonar; es que la banda nos la debía, ¡y con creces!
Disfrutar de aquel temazo en vivo por fin (¡por fin!) es, por definición, un sueño hecho realidad; nada más que decir, fue perfecto y el público la gozó (y cantó) como tal.
Honestamente con el tema que vino solté un par de lágrimas: “Blood Red Skies” llegó a mis oídos inmediatamente después, y era difícil no sobrecogerse con tanta calidad musical junta; voy a citar a un anónimo que estaba al lado mío, que en ese momento gritaba “¿Qué vamos a hacer sin estas bandas? ¿Qué será de nosotros sin esta calidad, sin estos músicos, sin estos dioses?”. Claramente muchos habíamos pensado lo mismo durante el concierto, y mientras la voz quebrada de él y muchos otros, cantaba a todo pulmón “You won’t break me, You won’t make me, You won’t take me, Under blood red skies”.
Era el momento de otro de los covers favoritos del público: los tonos verdes se toman el escenario como antesala a lo que se viene: “The Green Manalishi (With the Two-Pronged Crown)”, otro de los coros y guitarreos donde los asistentes maltratamos nuestras gargantas celebrando el tema.
Es difícil encontrar un punto alto en un espectáculo donde solo se escucharon clásicos e himnos, pero si tuviera que elegir uno por obligación, creo que sería todo, desde este punto hasta el final del concierto,“mini encores” incluidos, porque la banda jugaba con la parafernalia de salir y entrar a ratos cortos del escenario.

Rob nuevamente se dirige a su público para revivir un poco de historia; esta vez se trata de los ochenta, esa época en la que “todos estaban haciendo Metal”. En una loable actitud, menciona a grandes iconos del metal ochentero, que fueron celebrados por el público, desde Iron Maiden hasta Scorpions, ensalzando uno de los momentos cúspides del metal y de su carrera. Después de tan emotiva declaración, el tema tenía que estar elegido con pinzas; ¡y lo estaba!. La emoción se sintió de inmediato cuando Halford dijo “Breaking the WHAT?!” para que contestaramos “LAW!” “Breaking the WHAT?… LAW!” y con un “Let’s Break the Law!” comenzaba lo que debe ser sin duda el tema más conocido e icónico de la banda; el conocidísimo riff se eleva hasta el techo acompañado del infaltable “ooo…oo…o…ooo”, pero Judas Priest nos tenía preparada otra sorpresa; Cuando llegó el momento de que Halford comenzara a cantar, no lo hizo, y en cambio animó al público a que lo hiciera, durante ¡Todo el tema! . Halford nos dejó cantarlo completamente solos, mientras el contemplaba, se paseaba por el escenario y, ocasionalmente, hacía de “director de orquesta”. Durante el segmento instrumental del tema, Halford comenzó a hacerle señas de coordinación al público, que seguía a la guitarra como si gritar todo un tema diera lo mismo, y cuando Halford alza las manos hacia al frente y levemente hacia arriba, suena el rugir de la audiencia en un “You don’t know what is like” impactante.
Al concluir el tema, los músicos se van retirando para dejar solo a Scott: se venía el solo de batería; ¡que gran solo! . Cuando chica me dijeron que si alguien era muy bueno para algo podía hacerlo dándote la impresión de que era algo muy fácil, y creo que eso define en gran parte lo maravilloso de Travis; tú lo vez y piensas “Podría tocar batería con una mano y con la otra hacerse barra”; es así de bueno. Paso a paso, el solo iba tomando cuerpo de tema, haciéndose cada vez más reconocible; esa poderosa batería con la que parte Painkiller. Volvieron los mosh y los headbanging, pero multiplicados por 1000.
Las voces se alzaron nuevamente y la sensación de éxtasis no paraba, era demasiado poder en la música, poder que se impregnó en el público creando un frenesí que se venía anticipando durante todo el concierto, como si “Priest” hubiera estado cargando una pila durante todo ese rato hasta que finalmente hubo que usar la carga al máximo.
La banda dejó el escenario para dar paso a los típicos cánticos que los piden de vuelta, aunque la verdad, creo que la audiencia usó todo ese rato para darse un respiro más que para gritarles a los músicos que volvieran a salir al escenario, quizás es lo que pasa cuando esto de los encores ya es rutina; además, para felicidad de los asistentes, fue bastante corto.
Cambia el lienzo de atrás (no por primera vez, ya que había cambiado temáticamente a lo largo del concierto) para mostrar un enorme ojo cyborg blanco al más puro estilo Cyber-punk de los 80’s. Todos queríamos escuchar “The Hellion/electric eye” aún antes que los músicos volvieran al escenario, por lo que cuando empezó a sonar la introducción la reacción fue instantánea; luego se vino ese riff que todos conocemos tan bien, tan bien como para cantarlo, y nuevamente los “o…oooo…oooo…oooo…o…oo” se tomaron la arena; en este tema, la complicidad entre el público llegó a su máxima expresión, donde Halford tomaba turnos con su audiencia para cantar, así nosotros tomamos un rol protagónico como la “segunda voz” del tema.
Halford dejó el escenario por un momento, y se vio por un costado un foco iluminando hacia el escenario; nuevamente la expectación crece, lo que todo fan de Judas Priest espera durante los conciertos, todos comenzaban a preparar las cámaras para tomar fotos de uno de los momentos más canónicos de los conciertos de Judas, el sonido del motor lo confirma, aquel rugir imponente sacó unos “uh” y luego apareció Halford en su Harley Davidson cromada amarilla para interpretar “Hell Bent For Leather”, un himno a la onda motoquera por donde se le mire.
Después Rob quedó solo frente a la audiencia, y muchos ya podían intuir lo que venía a continuación: Los ya famosos coreos del vocalista, donde él hace una serie de notas y el público debe seguirlo y, como siempre, no desteñimos; quizás no logramos hacer ESA nota larga que logramos copiar mejor el 2008, pero no importa, los aplausos y risas gatillados por ella fueron más que suficientes para complacer al “Metal God” y solo intensificaron la atmosfera de admiración mutua entre el artista y su audiencia.

“You’ve Got Another Thing Coming” irrumpió para deleitar nuestros oídos, en una versión extendido donde Richie se lució con escándalo, con un solo como pocos, y Halford animó al público para cantar “you’ve got another thing coming” repetidas veces, donde los instrumentos callaban para escuchar mejor a la multitud, mientras ésta aplaudía por sobre sus cabezas, en un espectáculo atronador.
Terminando el tema, los músicos van saliendo del escenario; todos menos el baterista, que se quedó para animarnos a gritar. “Tienen que gritar más fuerte si quieren que esos Cuatro Gatos vuelvan, no se escucha bien desde allá atrás”.Tras el comentario, se escucha un maullido que probablemente venia de alguno de los músicos, Rob Halford probablemente, lo que sacó más de una risa.
Volvía la banda para un último tema, un tema que nos debían del concierto anterior: “Living after Midnight”, himno de todo rockero carretero que más de una vez se destruyó con los amigos escuchando buen rock, tomando cerveza y hablando de tuercas. Claro, la mayoría no salía realmente a andar en moto y/o auto cual pandilla motorizada, a hacer pebre un barrio y comerse a muchas minas, pero hay que reconocer que lo soñamos, al menos cada vez que escuchamos este tema. Se agradece el cambio de letra “I took Santiago by the 1:00 AM” ; sonó lindo, además era verdad, Judas Priest había venido y se había tomado Santiago.
Una vez más el coro resonó en las gargantas cansadas, el hecho de que fuera realmente la medianoche, añadía la guinda a la torta y era el momento para agotar hasta la última gota de energía, de voz, de cuello que quedaba. Porque a esta altura nada importaba, no había trabajo ni estudios al día siguiente, ¿qué importaba si mañana no tenías voz?, el momento era el aquí y ahora y todo lo que se sentía venir de un público extasiadísimo, era el deseo de que aquella gran fiesta del heavy metal no terminara nunca.
Pero todo lo bueno tiene un fin.
Qué mejor que Halford despidiéndose con tan poderosas palabras: “Thank you Santiago, we love you… and keep the Metal faith!”
¡Mil Gracias Judas Priest! También los amamos, son los dioses del Metal, siempre lo serán, leyendas vivientes que golpearon a Chile como una demoledora. Nos recordaron que el buen Metal sigue más vivo que nunca, aunque fuera una gira de despedida.
Esperamos que sea mentira, y en verdad sea como otras despedidas en el pasado, más un “hasta pronto” que un “adiós”.
No se preocupen, prometemos mantener la fe en el metal par que viva por mucho tiempo.
Set List Judas Priest
00- Embasado: War Pigs
01- Intro:BattleHymn
02- Rapid Fire
03- Metal Gods
04- Heading Out To The Highway
05- Judas Rising
06- Starbreaker
07- Victim Of Changes
08- Never Satisfied
09- Diamonds & Rust
10- Dawn Of Creation / Prophecy
11- Night Crawler
12- Turbo Lover
13- Beyond the Realms Of Death
14- The Sentinel
15- Blood Red Skies
16- The Green Manalishi (With The Two-Pronged Crown) (Fleetwood Mac)
17- Breaking The Law
18- Painkiller
Encore 1:
19- The Hellion / Electric Eye
20- Hell Bent For Leather
21- You’ve Got Another Thing Comin’
Encore 2:
22- Living After Midnight
Autor: Catalina Reyes
Fotografo: Guillermo Salazar.