Tal vez se debió a mi excesiva melomanía por los instrumentos sinfónicos, o a la exquisita combinación de música celta con rock progresivo; pero, cuando escuché por primera vez los nostálgicos colores del violin y la flauta traversa entonar aquel sublime jigg irlandés, fue un amor a primera vista.
Desde aquel día van nueve años, y la hipnotizante voz del boliviano José Andrea ha acompañado los momentos más importantes de mi vida. Y es que con la misma facilidad que el hombre consigue sus resonantes gritos “metaleros”, también logra empastar la más sutil de las baladas. Y por eso, cuando supe que José abandonaría la banda, sabía que necesitábamos despedirnos como corresponde.
Cuando anunciaron su gira de despedida por Chile, estaba decidido: con Jaraneo por bandera, llegaríamos hasta ellos y les daría las gracias por todo lo que me dieron. Pero no sin antes disfrutar de un maravilloso concierto, al que me acompañó mi inseparable amigo Sergio.
El reducido tamaño del Teatro Caupolicán nos otorgó bastante cercanía al escenario, pudiendo disfrutar de las continuas bromas que se hacían entre ellos, como cuando José, Peri, y Mohamed se pusieron a patearle las partituras a Frank por entremedio de sus piernas, y unos cuantos chascarrillos, incluyendo a las personas que se colaron al escenario y tuvieron que agarrar entre varios para sacar de allí.
Conversamos un poco con José y Patricia, los vocalistas del grupo:
Y como es costumbre aquí en Jaraneo, grabamos un par de temas suyos (en un mismo video):